Yo sé que a Genara le gusta que la
cepille en cualquier momento, a cualquier hora, aunque solo haya pasado cinco
minutos desde la última vez, pero yo sé que es algo más y que no solo es esa
suave caricia que produce el cepillo desde su cabeza hasta justo el inicio de
su blanca cola, es como una necesidad de que esté atento con ella y no me
diluya en este torbellino virtual que es la pantalla de un ordenador conectado
a Internet.
5-VI-2011
Genara languidece, lo noto al
abrazarla; cuando se acuesta en su manta que pongo sobre mis piernas y siento
su respiración tranquila y veo sus ojos tan cerrados, su sueño profundo y su
cuerpo que se amolda a mí, que es parte de mí y mi corazón tiembla y no hay
palabras para expresar el dolor ante su imparable pérdida, se está yendo, nos
miramos y percibo que nuestra unión es tan grande que ambos nos damos cuenta,
ella también, es su miedo el que siento, o quizás sea el mío que le transmito,
el miedo, el horror a perderla, ¿qué será de mi vida?, ¿qué será de mi vida?
Mis ojos se empañan, cae una lágrima, pero no puedo permitirlo, ella no se
lo merece, no puede sentir mi tristeza, ella que ha sido lo más bello que he
tenido; el después vendrá y no hay que adelantarlo.
15-X-2011
Esta mañana me llegó la idea, esas
ideas que hacen que piense en llevar conmigo una grabadora a todas partes para
que cuando lleguen pueda en voz alta decirlas y que no se me olviden para
siempre; algunas son muy buenas aunque estoy seguro que no aguantarían una vez
escritas …
La idea era escribir un libro de
poemas con el siguiente título: “Maldita poesía”; los poemas mostrarían mi odio
homicida hacia el común de los mortales, hacia las ideas bienhechoras de mi
época, a la presencia física del otro, a la imposibilidad de amar, a la
posibilidad fácil de matar, todo ello sin muestra de arrepentimiento ni de
banalidad reflexiva, sino algo que
pudiera ser clasificado ya de entrada y sin remilgos como el escrito de un loco
de atar peligroso, abominable y terrorífico, con ese sutil terror que da la
proximidad de una persona cercana y normal como yo…aunque yo no he sido normal
nunca, sería la conclusión de los eruditos o… investigadores criminales si se
diera el caso.
Todos estos pensamientos son de
ahora, esta mañana, mientras volvía de la casa de mi amado, eran otros y más
brillantes que debería de apuntar de inmediato, creo recordar que eran los
títulos de los poemas que suponía no serían muy difíciles de desarrollar y
hasta con cierto encanto poético moderno:
“Yo que odio tanto a la humanidad”
“Yo que tanto te he amado y tanto te he odiado”
“Me repugna tu compañía”
“¡Cuánto me aborrezco en esta soleada mañana!”
Estos últimos títulos son de ahora
mismo, y me jode cantidad no poder recordar las ideas brillantes que pueden
aparecer a cualquier hora del día, preferentemente cuando marcho de la casa de
mi amado o cuando voy conduciendo camino del instituto donde trabajo rodeado de
tanta estúpida humanidad, por eso pienso que una grabadora podía ser una buena
solución a mi desmemoriado cerebro.
15-X-2011
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