martes, 4 de septiembre de 2012
La relación es clara, evidente, un guiño de complicidad para todos...pero en realidad...pero la realidad fue otra, simplemente estaba deshaciéndome de objetos que había traído de la casa de mi madre..o más bien del piso de mi madre (aunque ese concepto de vivienda suena a pequeño y cutre)...y, con las maravillas de la cámara digital, pensé que debería fotografiar todo aquello que ahora sí iba a tirar a la basura (trash), y mira por dónde he aquí que emparejé sin querer mis dos antiguas barajas de cartas, curioso... pero, ya se sabe, se puede escribir de todo y hablar de todo una vez creado...Dios se habrá hartado de filosofar consigo mismo sobre las maravillas de su creación.
Me han dicho que soy religioso y católico...¡No comprenden nada!
Me he levantado melancólico esta mañana... había soñado que era otra vez joven, jugaba con una chiquita embutida en un abrigo de lana de muchos colores, corríamos por las calles, hacíamos gestos en los escaparates de las tiendas, nos reíamos sin parar...ha sido un sueño bonito, ¡me encontraba tan feliz...!
He sentido melancolía, como cuando miro el viejo reloj de mi madre, el que veía en su muñeca cuando me llevaba de la mano...creo que lo tiré junto con las barajas de cartas de cuando era niño.
domingo, 19 de febrero de 2012
Despedida de todos los paisajes
Ayer,
1 de febrero de 2012, Wislawa Szymborska renunciaba al privilegio de la
presencia y sin reproches ni a la primavera, ni al durísimo invierno de
estos últimos días en su Cracovia, ni a nada ni a nadie, nos dejaba.
Pero no nos dejaba solos en un piso vacío, sino rodeados de una
borboteante vida, que ella, como nadie, había disfrutado y por la que no
había dejado en ningún momento de sentirse sorprendida. Ahora llega
nuestro turno, la hierba, los sotos de alisos, la belleza de la orilla
de cierto lago, la vista de una bahía deslumbrante, el abedul derribado,
las risas, los susurros, la felicidad en silencio, los juncos, las
aguas a veces negras, los campos de batalla, las foramníferas, etc., a
los que Szymborska renunciara hace ya mucho en su poema «Despedida de un
paisaje» o que aparecieran en otros mundos recogidos y mimados
cuidadosamente en sus poemas, seguirán ahí para que seamos nosotros los
que recojamos el testigo y sigamos maravillándonos día a día por todo
aquello que nos rodea.
Hoy
la estadística volverá a ser implacable, con sus cifras, sus
porcentajes, su desaprensiva exactitud. Quizá incluso podamos llegar a
saber cuántos poetas y premios Nobel de literatura que hayan fumado más
de un paquete diario de cigarrillos, alcanzan los ochenta y ocho años y
cuántos no. O cuántos de ellos son mujeres.
La
estadística quizá también nos diga algo sobre cuántos son los casos en
los que entrevistador y entrevistada nos dejan en un lapsus de tiempo de
apenas unos meses, y añada a esa lista los nombres de Wislawa
Szymborska y uno de sus entrevistadores, Félix Romeo, el vikingo, como
ella lo llamaría cariñosamente durante la entrevista. Pero poco nos dirá
seguramente de que era tanta la vida que ambos rezumaban que se les
salía por los poros de la piel. Szymborska sabía mucho más de lo que
nunca nos dijo, que también fue mucho. Nos habló del azar, hizo de la
ironía la manera de acercarnos el mundo. Vivió con un frenesí pausado y
se nos ha ido.
Ya
no nos invitará a su casa a jugar con ella a la lotería, ya no
saldremos de allí con absurdos premios que habrán provocado su risa, ya
no nos enseñará sus collages y su manera de enfrentarse a un mundo
muchas veces absurdo.
Hoy
hará un poco más de frío en Cracovia. Y a todos nosotros nos quedará
recordar desde lejos. O desde algo más cerca, si nos adentramos en sus
versos para que nos siga ayudando a entender el mundo.
ABEL MURCIA ES TRADUCTOR DE WISLAWA SZYMBORSKA
Un gato en un piso vacío
Wislawa Szymborska
Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.
Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.
Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.
Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.
Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al principio.
Versión de Abel A. Murcia
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.
Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.
Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.
Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.
Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al principio.
Versión de Abel A. Murcia
lunes, 13 de febrero de 2012
LA VIDA, INSTRUCCIONES DE USO de Georges Perec
El número remite al capítulo en el que aparece la historia
Historia del abogado neurasténico instalado en Indonesia, LIV
Historia del abuelo que se afeitaba la barba, LXXI
Historia del acróbata que no quiso bajarse del trapecio, XIII
Historia del actor que simuló su muerte, XXXIV
Historia de la actriz australiana, LXXIX
Historia del admirador de Lomonossov, LX
Historia del alto funcionario desconfiado y de su mujer vengativa, LXXXVI
Historia de la americana excéntrica, LV
Historia de la anticuaria y sus relojes, LXVI
Historia del antiguo veterinario enamorado de una marsellesa bigotuda, LXXXV
Historia de los antiguos porteros, XXXV
Historia del antropólogo incomprendido, XXV
Historia del archivero español, LXXX
Historia del arqueólogo demasiado confiado en las leyendas, II
Historia del aviador argentino, LV
Historia de la bailarina que quiso abortar, LXXXVIII
Historia del basset Freischutz, LIX
Historia de la bella italiana y el profesor de física y química, XXVII
Historia de la bella polaca, LVII
Historia del botánico frustrado, LXXII
Historia del boxeador negro que no ganó ni un combate, XL
Historia de la cantante rusa, V
Historia del capitán que exploró Nueva Guinea, LXXX
Historia del catedrático de Historia que fue agregado cultural en la India, XLVI Historia de las cinco hermanas que triunfaron todas en la vida, LXXXIX
Historia del clown de Varsovia, LVII
Historia de la cocinera borgoñesa, XC
Historia del cocinero enamorado del teatro, LV
Historia del conde de Gleichen, X
Historia del creador de puzzles, VIII
Historia del crítico de arte que buscó la obra maestra, LXXXVII
Historia de los cuatro jóvenes encerrados en el ascensor, XXXVIII
Historia de la chica gorda y de su torre, XL
Historia de la chica que huyó de casa, XXXI
Historia de la decana de la escalera, XX
Historia del decorador que tuvo que demoler la cocina de la que tan orgulloso estaba, LXV
Historia del diplomático sueco, XXXI
Historia del director escénico que despreciaba los grandes clásicos, LXXV
Historia de la doncella que tuvo un hijo cuyo padre no conoció nunca nadie, LXXXIII
Historia de los dos comerciantes avaros, LIV
Historia de los dos gigantes de la industria hotelera, LXXXVII
Historia del esqueleto manco, LXVII
Historia del estudiante deportado, XLIII
Historia del ex combatiente de las Brigadas Internacionales, XLV
Historia del experto autodidacta, XXXIX
Historia de la familia Gratiolet, XXI
Historia del hámster privado de su juego favorito, LXXXI
Historia de la hija del banquero que quería dedicarse al teatro, LV
Historia del hombre que compró el Vaso de la Pasión, XXII
Historia del hombre que creyó descubrir la síntesis del diamante, XIV
Historia del hombre que pintó acuarelas con las que mandó hacer puzzles, XXVI
Historia del hombre que quiso hacer fortuna importando pieles, XXI
Historia del hombre que suprimía palabras, LX
Historia del hombre que voló con una mina en Argelia, LVIII
Historia de «Hortense», XLI
Historia del importador de Lisboa y su corresponsal egipcio, LXX
Historia del industrial alemán aficionado a la cocina, XXXVI
Historia del jazzman nunca contento, LXXV
Historia del jefe de almacén que recopiló las pruebas de la supervivencia de Hitler, XCI
Historia del «jefe de obras» que perdió una mano, VII
Historia de Johan Sigismond Küsser, VII
Historia del matrimonio joven que vivía en el piso de los suegros, XXX
Historia de la joven madre soltera de la que sólo su abuelo no renegó, L
Historia de la joven pareja que compró un dormitorio, XCVIII
Historia del joven de Thonon que un día dejó toda actividad, LII
Historia del joyero que fue asesinado tres veces, L
Historia de los juerguistas que dieron un concierto matinal, XCII
Historia de Lady Forthright y su cochero, IV
Historia del lord que ocultaba sus pasiones secretas con manías ficticias, XC
Historia del magistrado y de su esposa que se hicieron ladrones, LXXXIII
Historia de Mark Twain, XCIV
Historia del médico estafado, XCVI
Historia del médico uno de cuyos pacientes había sido envenenado por orden de William Randolph Hearst, LIX
Historia del Mensajero del Emperador, LXXVIII
Historia del misionero cuya esposa enseñaba gimnasia, LXXII
Historia del motociclista sin suerte, LXXV
Historia del mozo de café, LXI
Historia de la mujer del creador de puzzles, LIII
Historia de la mujer que dirigió un garito, XXI
Historia de la mujer que hizo aparecer 83 veces al diablo, LXV
Historia de la mujer que puso una imprenta en Siria, XLVIII
Historia de la niña con una imaginación inquietante, LXXXII
Historia de la novia cautiva de los berberiscos, LXXVIII
Historia del oficial que abandonó a su patrulla, LXV
Historia del panarquista superviviente, LXXIII
Historia de la pareja de criados que se conocieron en la Exposición Universal, LXXXIII
Historia del patrón tacaño, LXI
Historia del pintor que pintó la casa, XVII
Historia del pintor que practicó la necrofilia, XCVII
Historia del pequeño tunecino, LVIII
Historia del poeta Jean–Baptiste Rousseau, XXII
Historia del productor de televisión, XIII
Historia del propietario que tocaba el pífano y escuchaba la T.S.F., XCV
Historia del químico alemán, LXII
Historia del retratista y sus sistemas, LIX
Historia del rico aficionado a la ópera, LII
Historia del sargento jefe que murió en Argelia, XXXV
Historia de la secta de los Tres Hombres Libres, III
Historia de la señora con sus judías tiernas, LIII
Historia de la señora que se inventó sobrinas, LXXXIX
Historia del soldado de primera clase más condecorado de Oceanía, LXXIX
Historia del talabartero de Szczyrk, LX
Historia del talabartero, su hermana y su cuñado, LXXIII
Historia de los tres golfos asesinados, LXXXIV
Historia de la última expedición en busca de Franklin, XLIV
Historia del viejo criado que acompañó a su señor alrededor del mundo, XV
Historia del violinista celoso, XCV.
El número remite al capítulo en el que aparece la historia
Historia del abogado neurasténico instalado en Indonesia, LIV
Historia del abuelo que se afeitaba la barba, LXXI
Historia del acróbata que no quiso bajarse del trapecio, XIII
Historia del actor que simuló su muerte, XXXIV
Historia de la actriz australiana, LXXIX
Historia del admirador de Lomonossov, LX
Historia del alto funcionario desconfiado y de su mujer vengativa, LXXXVI
Historia de la americana excéntrica, LV
Historia de la anticuaria y sus relojes, LXVI
Historia del antiguo veterinario enamorado de una marsellesa bigotuda, LXXXV
Historia de los antiguos porteros, XXXV
Historia del antropólogo incomprendido, XXV
Historia del archivero español, LXXX
Historia del arqueólogo demasiado confiado en las leyendas, II
Historia del aviador argentino, LV
Historia de la bailarina que quiso abortar, LXXXVIII
Historia del basset Freischutz, LIX
Historia de la bella italiana y el profesor de física y química, XXVII
Historia de la bella polaca, LVII
Historia del botánico frustrado, LXXII
Historia del boxeador negro que no ganó ni un combate, XL
Historia de la cantante rusa, V
Historia del capitán que exploró Nueva Guinea, LXXX
Historia del catedrático de Historia que fue agregado cultural en la India, XLVI Historia de las cinco hermanas que triunfaron todas en la vida, LXXXIX
Historia del clown de Varsovia, LVII
Historia de la cocinera borgoñesa, XC
Historia del cocinero enamorado del teatro, LV
Historia del conde de Gleichen, X
Historia del creador de puzzles, VIII
Historia del crítico de arte que buscó la obra maestra, LXXXVII
Historia de los cuatro jóvenes encerrados en el ascensor, XXXVIII
Historia de la chica gorda y de su torre, XL
Historia de la chica que huyó de casa, XXXI
Historia de la decana de la escalera, XX
Historia del decorador que tuvo que demoler la cocina de la que tan orgulloso estaba, LXV
Historia del diplomático sueco, XXXI
Historia del director escénico que despreciaba los grandes clásicos, LXXV
Historia de la doncella que tuvo un hijo cuyo padre no conoció nunca nadie, LXXXIII
Historia de los dos comerciantes avaros, LIV
Historia de los dos gigantes de la industria hotelera, LXXXVII
Historia del esqueleto manco, LXVII
Historia del estudiante deportado, XLIII
Historia del ex combatiente de las Brigadas Internacionales, XLV
Historia del experto autodidacta, XXXIX
Historia de la familia Gratiolet, XXI
Historia del hámster privado de su juego favorito, LXXXI
Historia de la hija del banquero que quería dedicarse al teatro, LV
Historia del hombre que compró el Vaso de la Pasión, XXII
Historia del hombre que creyó descubrir la síntesis del diamante, XIV
Historia del hombre que pintó acuarelas con las que mandó hacer puzzles, XXVI
Historia del hombre que quiso hacer fortuna importando pieles, XXI
Historia del hombre que suprimía palabras, LX
Historia del hombre que voló con una mina en Argelia, LVIII
Historia de «Hortense», XLI
Historia del importador de Lisboa y su corresponsal egipcio, LXX
Historia del industrial alemán aficionado a la cocina, XXXVI
Historia del jazzman nunca contento, LXXV
Historia del jefe de almacén que recopiló las pruebas de la supervivencia de Hitler, XCI
Historia del «jefe de obras» que perdió una mano, VII
Historia de Johan Sigismond Küsser, VII
Historia del matrimonio joven que vivía en el piso de los suegros, XXX
Historia de la joven madre soltera de la que sólo su abuelo no renegó, L
Historia de la joven pareja que compró un dormitorio, XCVIII
Historia del joven de Thonon que un día dejó toda actividad, LII
Historia del joyero que fue asesinado tres veces, L
Historia de los juerguistas que dieron un concierto matinal, XCII
Historia de Lady Forthright y su cochero, IV
Historia del lord que ocultaba sus pasiones secretas con manías ficticias, XC
Historia del magistrado y de su esposa que se hicieron ladrones, LXXXIII
Historia de Mark Twain, XCIV
Historia del médico estafado, XCVI
Historia del médico uno de cuyos pacientes había sido envenenado por orden de William Randolph Hearst, LIX
Historia del Mensajero del Emperador, LXXVIII
Historia del misionero cuya esposa enseñaba gimnasia, LXXII
Historia del motociclista sin suerte, LXXV
Historia del mozo de café, LXI
Historia de la mujer del creador de puzzles, LIII
Historia de la mujer que dirigió un garito, XXI
Historia de la mujer que hizo aparecer 83 veces al diablo, LXV
Historia de la mujer que puso una imprenta en Siria, XLVIII
Historia de la niña con una imaginación inquietante, LXXXII
Historia de la novia cautiva de los berberiscos, LXXVIII
Historia del oficial que abandonó a su patrulla, LXV
Historia del panarquista superviviente, LXXIII
Historia de la pareja de criados que se conocieron en la Exposición Universal, LXXXIII
Historia del patrón tacaño, LXI
Historia del pintor que pintó la casa, XVII
Historia del pintor que practicó la necrofilia, XCVII
Historia del pequeño tunecino, LVIII
Historia del poeta Jean–Baptiste Rousseau, XXII
Historia del productor de televisión, XIII
Historia del propietario que tocaba el pífano y escuchaba la T.S.F., XCV
Historia del químico alemán, LXII
Historia del retratista y sus sistemas, LIX
Historia del rico aficionado a la ópera, LII
Historia del sargento jefe que murió en Argelia, XXXV
Historia de la secta de los Tres Hombres Libres, III
Historia de la señora con sus judías tiernas, LIII
Historia de la señora que se inventó sobrinas, LXXXIX
Historia del soldado de primera clase más condecorado de Oceanía, LXXIX
Historia del talabartero de Szczyrk, LX
Historia del talabartero, su hermana y su cuñado, LXXIII
Historia de los tres golfos asesinados, LXXXIV
Historia de la última expedición en busca de Franklin, XLIV
Historia del viejo criado que acompañó a su señor alrededor del mundo, XV
Historia del violinista celoso, XCV.
sábado, 11 de febrero de 2012
Poemas de Wislawa Szymborska
Poeta y ensayista polaca nacida en Kórnik, Poznan, en 1923.
Vivió en Cracovia desde que su familia se trasladó allí en 1931. Estudió Literatura Polaca y Sociología en la Universidad Jagiellonian, dedicándose desde entonces al ejercicio literario.
Falleció el 1° de febrero de 2012.
http://amediavoz.com/szymborska.htm
Bajo una pequeña estrella
Poeta y ensayista polaca nacida en Kórnik, Poznan, en 1923.
Vivió en Cracovia desde que su familia se trasladó allí en 1931. Estudió Literatura Polaca y Sociología en la Universidad Jagiellonian, dedicándose desde entonces al ejercicio literario.
Falleció el 1° de febrero de 2012.
http://amediavoz.com/szymborska.htm
Bajo una pequeña estrella
Que me disculpe la
coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo
el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco
de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño
a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas
respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos,
cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo
el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco
de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño
a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas
respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos,
cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.
Versión de Abel A. Murcia
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