domingo, 9 de agosto de 2015

A Genara, a quien tanto quise



17 de mayo de 2015

  El martes 5 de mayo murió Genara, tenía 19 años y el 13 de junio entrante íbamos a
hacer también 19 años juntos,  ha sido la mejor compañera de toda mi vida y me duele
mucho su pérdida, tanto Greta como yo estamos de duelo y hay un vacío en toda la casa y en esas azoteas que ella tanto amaba.
  Durante más de un año Genara fue perdiendo vida, no podía comer apenas y en los
últimos meses adelgazó tanto que su cuerpo era un saquito de huesos. Intenté darle
comida muy picadita o disuelta en agua, la alimentaba casi a la fuerza dándole potitos
con mi dedo y buscaba aquellos que no tuvieran cebolla en sus ingredientes porque,
dicen, produce anemia en los gatos, quizás fue esto lo que produjo su adelgazamiento
fatal, no lo sé.
  Todo empezó un día que comiendo pienso algo se rompió en su boca, sonó un
chasquido y a partir de entonces sufría al masticar, no quise llevarla al veterinario
pensando que poco podría hacer, fue un fallo garrafal; pasó la primavera y el verano y mi
Genara empeoraba.
  A finales del otoño del 2014 fui finalmente a Antonio y le hizo un análisis de sangre que no mostró ninguna dolencia grave y me recomendó una limpieza de boca, con sedación incluida, para ver más minuciosamente el estado de su boca ya que no encontraba ninguna picadura ni ninguna muela rota. Genara se portó con mucha resignación y las veces que fuimos camino de la clínica aprovechó para mirar la calle y su movimiento de personas y otros seres.
  No sirvió de mucho la limpieza de boca al menos para nosotros, la factura debió de
venirle muy bien al veterinario...Después de Navidad empeoró rápidamente aunque yo
seguía teniendo esperanzas, incluso hice un último viaje a Florencia en febrero,  pero ya
tenía miedo de que algo le pasara en mi ausencia. Después de Semana Santa volvimos a ir a la consulta y volvieron a hacerle una revisión muy completa de su boca, la tuvieron que sedar parcialmente con gas y fue muy desagradable, lo pasó muy mal; más inyecciones y medicinas pero seguía sin poder comer y ¡con tanta hambre, Dios mío!, hacía tiempo que yo no lloraba tanto y con tanta impotencia.
  Hacía muchos meses que la posibilidad de perderla era tan grande que había
reflexionado muchas veces el qué hacer si llegaba ese momento que tuviera que decidir
entre mantenerla con vida o poner fin a un sufrimiento innecesario: Ella siempre quiso
seguir viviendo, hasta el último día,  siempre, después incluso de una terrible tarde que
parecía ser la última de su vida, venía a desayunar conmigo sobre la mesa de la terraza y
esperaba con ilusión su pizquita de mantequilla que yo le racionaba pensando que podía
serle perjudicial para su salud: la última mañana yo le di toda la mantequilla que quería, 
su salud ya no iba a ser ningún criterio nunca más.
  No me acuerdo cuando fue pero quizás en el último verano juntos, yo había buscado en Internet donde se podía hacer cremaciones individuales de animales domésticos y había pedido presupuesto en una residencia canina cerca de Gerena, camino de Mérida, incluso  había comentado a Jesús la posibilidad de acortar su vida mediante una inyección...después esa idea se borró de mi cabeza. Pienso ahora en si ha sido mi egoísmo por retenerla a mi lado el causante de un sufrimiento innecesario, el quedarme solo en el mundo, como ahora lo estoy, el que hizo que incluso volviera a rezar como no lo había hecho desde pequeño, ¡quería un milagro! quería que muriese tranquila, sin sufrimiento, de puro vieja,  que los días fueran pasando en paz y que yo vigilara sus sueños en una larguísima vejez interminable...pero no pudo ser.
  Pasado el Puente de mayo decidí probar otra clínica para ''una segunda opinión''; estaba
lejos de casa y tuvimos que ir en taxi, cerca del cine Avenida, me habían hablado bien del veterinario Lola y Fernando cuando tuvieron un problema con su perra Maya... no sé cómo se llama,no llegué a preguntárselo ni recuerdo que él me lo dijera,  pero fue amable y profesional  yme hizo ver, por primera vez, que mi "saquito de huesos" se me moría,  aun y todo elegí una inyección más por si servía para algo, tenía corticoides y no sé que más,  le estuvieron abriendo la boca con un gran desasosiego por ambas partes y en un momento dado Genara se tumbó en la camilla, como si ya hubiese tirado la toalla...
 Cuando volvimos a casa pensé que ya estaba todo concluido y me arrepentí el haberle alargado un día más su vida, no sé si ella fue consciente como lo era yo que esas iban a ser nuestras últimas horas juntos. No podía comer pero seguía muerta de hambre, cuando fui a limpiar el suelo con una esponja, por el último fallido intento de darle comida, la agarró de tal manera en su boca que nunca, nunca podré olvidar su mirada: no quería soltarla, quería devorarla, pero no podía...A la mañana siguiente desayunamos por última
vez, esta vez fuimos en mi coche y como otras veces cuando viajábamos juntos, se cagó en la cesta, pensé: "pero si apenas ha comido en estos días"...
  Primero la sedaron y después le pusieron la inyección letal, estuve con ella siempre y murió con sus ojos abiertos mirándome, la envolvimos en su manta azul y blanca y así me la llevé y así me la enseñaron tras el cristal junto al horno, tumbada, como dormida, tan bella y con sus ojos cerrados.
  Mientras esperaba en la sala de estar del crematorio recuerdo leer con avidez un extenso artículo sobre Nefertiti, muy interesante, publicado en el National Geographic, fuera de la caseta hacía sol y nubes y sobre la tierra amarilla la sombra del humo de la chimenea, muyleve, ascendía hacia el campo infinito, infinito.


A Genara, a quien tanto quise.

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